48 horas en Megève

Idealmente situado en la plaza del campanario, en pleno corazón de Megève, el Hôtel Mont-Blanc ofrece un marco elegante, a la vez extravagante e íntimo.

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Un fin de semana en el Hôtel Mont-Blanc

10 h

Disfruto de mi suite, de decoración arty refinadísima, con una sensación de privilegio. Por la ventana, veo caer la nieve que cubre las escamas de cobre estañado del campanario y el gran árbol de Navidad, magníficamente decorado como cada año.

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11 h

Salgo a pasear por las encantadoras callejuelas adoquinadas de Megève, junto al viejo puente o por las placitas, perdiéndome entre sus elegantes boutiques y sus tiendas pop-up de moda.

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13 h

Vuelvo, encantada de acurrucarme en una suave bergère frente a la gran chimenea con un bonito libro que acabo de comprar. Luego voy a la puerta de al lado a almorzar en Le Relais. En un ambiente cálido y relajante de madera rubia patinada, saboreo un croque de montaña y una crème brûlée de ensueño.

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15 h‍

Corro al spa Pure Altitude. Una suavidad casi polar me envuelve al instante, como sus paredes revestidas de piel blanca. Elijo el tratamiento Beauté Glacée, el tratamiento antiedad Lift 4810, un guiño a la cumbre del Mont Blanc, que combina un masaje facial reafirmante con una exfoliación y una envoltura corporal… Desconecto por completo.

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17 h

Vuelvo encantada a los acogedores salones del hotel. Es el momento de probar la pastelería casera por la que el lugar es famoso: un mont blanc con un chocolate caliente grand cru para unos, un éclair de café, una tartaleta de limón y un té de autor para otros.

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19 h

Saboreo un champán de añada, un Dom Ruinart 2009, en la barra del Bar Les Enfants Terribles. Los salones, donde se mezclan piezas de artista y hallazgos vintage, están tan animados como durante el día. Fuera, las calesas siguen pasando y los copos de nieve siguen bailando.

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20:30 h

Esta noche decido rendirme al plato que había fichado en el almuerzo: carrillera de buey estofada 8 horas al vino Mondeuse d'Arbin con polenta cremosa. Sabiendo que después me esperan una vuelta al Mont Blanc y sus quesos, y luego el sencillamente irresistible bufé de postres.